Crónicas vallenarinas: La Ramada Oficial de Vallenar

… Y se terminaron las “Fiestas Patrias”, así entrecomillas, porque la pandemia no dejó que los chilenos celebráramos nuestra independencia nacional, como es costumbre. Fue un “18” atípico, sin desfile, sin pampilla y sin ramadas.

Sin embargo, en el recuerdo están siempre presente nuestras tradiciones, como la “Ramada Oficial” de Vallenar que por 20 años (hasta 2019) fue la Fonda “Aquí me queo”, perteneciente a la entusiasta excampeona regional de cueca, Mirta Tapia Mondaca.

“Es importante lo que usted hace, para que la gente se entere del sacrificio que significa levantar una ramada, porque muchos creen que se trata solo de parar cuatro palos y listo. Uno empieza en julio a proyectarla y a juntar las cosas… la gente ni se imagina el esfuerzo que esto demanda y el gasto… en mi ramada yo invierto por parte baja entre 15 y 16 millones de pesos, con platita de mi bolsillo. Sería bonito que los proveedores pudieran ayudarnos, pero no aportan ni un peso, incluso, desde hace seis años, ya ni siquiera nos entregan el licor ni las bebidas a consignación, como lo hacían antes. Ahora todo es al contado, así es que hay que ir comprar de a poco”, señala doña Mirta.

En estas fiestas patrias, ella se convierte en una generadora de empleos. “Para armar la fonda de 70 por 80 metros cuadrados, requiero de unas cuatro personas; para atenderla durante los días de fiesta, alrededor de 15 personas más, incluyendo a los mozos y guardias. La cocinería es aparte, porque la atención es las 24 horas y no puede parar, así es que hay que tener gente por turnos”.

Hablando de costos, agrega la contratación de las orquestas que, en estos tiempos, suben sus honorarios. “Antes, las ramadas tenían sus grupos folclóricos estables, ahora hay que tener grupos de cumbia, a veces hemos tenido hasta tres grupos, para que la música no pare toda la noche y para darle en el gusto a la gente, pero eso significa que el costo va subiendo y al final nos quedamos sin ganancia”.

Sobre los recuerdos que atesora de su primera ramada, allá por el año 2000, comenta: “Para no haber tenido experiencia, fue bonita. Claro que antes era diferente, la gente iba a consumir, iba a disfrutar en familia y los grupos musicales eran netamente folclóricos. Antiguamente, las ramadas funcionaban las 24 horas, no se cerraban. Ahora, en cambio, se llena con la familia Miranda y le diría que en los últimos cinco o seis años, hemos ido para atrás y otras veces hemos salido ras-ras. Mis hijas se enojan conmigo, porque no gano nada, a pesar del esfuerzo y les prometo que fue la última y voy a guardar mis cositas, pero llega julio y las patitas se me mueven solas, esto es como si lo lleváramos en la sangre y no tiene nada que ver que una gane o no gane plata, reconforta el solo hecho de ver una fonda tan linda, con tanta gente disfrutando, eso me llena de alegría y me siento pagada”…

 Mirta proviene de una familia con tradición fondera, desde la época de su abuelo que instalaba una ramada en el sector El Carrizo, después la siguió su padre que amenizaba el ambiente con guitarra y acordeón y ahora ella, aunque personalmente se inició junto a una hermana suya con la instalación de una cocinería a mediados de la década de los ochenta en la Manzana 43. “Mi gran apoyo ahora son mis hijas que trabajan en Copiapó y un día antes de la inauguración se vienen a ayudarme y se quedan conmigo hasta que termina la fiesta trabajando en la caja”, agrega con emoción.

Entre los esfuerzos adicionales que ha hecho doña Mirta para tener la mejor ramada dieciochera, destaca la construcción de un piso de cemento de 11 por 18 metros para que la gente no baile sobre la tierra. Ahondando en el sacrificio personal, precisa que no duerme más de dos horas cada día de fiesta. “Me acuesto cerca de las 7 de la mañana y duermo un ratito hasta las 9, porque hay que ver la cocina y salir a hacer las compras”.

Sin embargo, no piensa tirar la esponja aún: “No, cómo se le ocurre. Diosito me dirá hasta cuándo, todavía me queda hilo en el carrete. Todavía estoy activa, yo me subo en los andamios a decorar y unir las mallas, pinto, clavo, a pesar de que tengo prótesis en mis dos rodillas y un implante cervical con tornillos, por una artrosis que me dio hace un tiempo, aun así, manejo y sigo bailando cueca, porque la llevo en la sangre”, concluye.

       SERGIO ZARRICUETA ASTORGA

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