Disfunción sexual femenina: ¿sabes qué es el vaginismo?

Aunque pareciera que las nuevas generaciones hablan con mayor libertad sobre sexualidad, aún hay temas que se mantienen en las sombras, que no se abordan ni siquiera entre amigas. Uno de estos temas es la disfunción sexual femenina.

En este artículo abordaremos el vaginismo. Esta disfunción se presenta como un espasmo involuntario de los músculos que rodean la vagina, provocando que ésta se cierre como reacción refleja ante una penetración, un examen ginecológico y cualquier aproximación al área.

Respecto a sus causas, los especialistas señalan que estas son múltiples, y van desde una educación sexual restrictiva, pensamientos erróneos sobre la vagina, miedo al embarazo, pensamientos culposos, experiencias dolorosas y el trauma sexual producto de abusos o violaciones.

Sobre la incidencia de esta disfunción entre las mujeres chilenas, la Kinesióloga Odette Freundlich señala que hoy no se cuenta con una estimación, ya que “es un problema que no se conversa, se mantiene como un pacto de silencio”. Sin embargo, en los centros de disfunciones sexuales, es habitual que las mujeres que consultan por vaginismo representen aproximadamente un 17%.

La psicóloga clínica, terapeuta familiar y de pareja Katherine Sanhueza Arancibia, explica a LETRA BRAVA que su experiencia profesional le permite afirmar que el factor psicológico tiene un factor muy alto en el vaginismo, tanto en su desarrollo, curso y cronificación (que se transforma en un padecimiento crónico).

Como especialista de Atacama, Katherine comenta que se ha vuelto recurrente la consulta por esta disfunción, que si bien las personas llegan a consultar de forma más abierta hay un grupo de parejas en el que se da el pacto de silencio. “Muchos hombres ven amenazada su virilidad, por lo tanto, no cuentan la disfunción y las mujeres también cuestionan su femineidad, sienten que no son mujeres, que no cumplen con lo que se espera de ellas», dice. También explica que “todo esto se centra en el desempeño sexual, al punto que se observa comorbilidad entre trastornos sexuales y trastornos de ansiedad generalizada, donde es difícil el diagnóstico diferencial e identificar cuál trastorno es primario y secundario”.

Tratamiento

Una vez confirmado el diagnóstico, a través de un examen pélvico y otro físico completo que descarte la dispareunia (molestias y/o dolor en las relaciones sexuales), dependerá de cada caso el tratamiento indicado.

Este por lo general consiste en una combinación de educación, asesoría y ejercicios tales como contracción y relajación de los músculos del piso pélvico (ejercicios de Kegel). También se incorpora la psicoterapia individual o de pareja, integrado por “psicoeducación sexual, integración de la sexualidad y los aspectos relevantes tanto al deseo como a la predisposición positiva al encuentro sexual”, señala Katherine. En algunos casos además se debe prescribir el uso de psicofármacos ansiolíticos y antidepresivos dependiendo de la comorbilidad de otros trastornos. Por lo tanto, éste es un trastorno que debe ser tratado por especialistas y en equipo interdisciplinario.

Respecto al pronóstico de recuperación, Katherine señala que “en lo personal, trabajo con varios profesionales especialistas a quienes derivo una vez que he conseguido ciertas metas terapéuticas. Siguiendo un tratamiento constante y sistemático, hemos obtenido un éxito terapéutico cercano al 100%. Las personas que han desertado del tratamiento, lo han hecho en las instancias de acudir al médico psiquiatra. Por lo tanto, algunas personas requieren más tiempo que otras”.

En definitiva, cuando las mujeres reciben el tratamiento adecuado y se comprometen en su recuperación, las tasas de éxito son mayores.

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