Punto de vista

Mi bella Catalina

Donde vaya, su rostro asoma en algún rincón de la ciudad. De ojos chispeantes y mirada dulce, su expresión pareciera atesorar variadas vivencias, entre sus escritos, sus dibujos y los bailes de música K-Pop que tanto le gustan.

Catalina es como muchas adolescentes que cruzan tu camino, cada día. Es música, es inquietud, es intelecto, es buena partner. De personalidad exigente, nunca permitió que pasaran por alto sus opiniones a la hora de defender sus pensamientos o, a las personas que ella apreciaba.

Por eso cuando su rastro se pierde y su voz se silencia por una sombra lóbrega y perversa, no puedo dejar de sentir mucha rabia. Rabia, por haber sido insuficientes las medidas para proteger y cuidar a esta niña. ¿Por qué fallamos una vez más como sociedad?, ¿por qué somos ciegos ante una joven que estaba sola en plena noche?

Me lastima el dolor de su madre, de sus hermanos, de su padre. Me lastima escuchar que ahora sí la buscarán las entidades que antes se negaron. Me lastiman los oportunistas, las fake news, los críticos. Basta de negarnos, de no respetar a las niñas, a las adolescentes y a las mujeres que tienen el derecho de caminar libres, de vivir libres, de opinar libres. ¡Basta ya de asesinarnos!

La bella Catalina no se merecía esto, ni su familia, ni sus amigos. La bella Catalina tenía sueños, quería estudiar, ir a la Universidad. Ella sería la futura defensora de tantas jóvenes de personalidad tímida, sería la voz de libertad y justicia de muchas. Por eso, hoy no debemos olvidarla, ni debemos pasar por alto a cada adolescente que veamos en peligro.

Si hay organismos que anunciaron transformaciones para más seguridad y resguardo; si el gremio del transporte público anunció más fiscalización y cambios, entonces debemos exigir como sociedad que esos anuncios se hagan con prontitud, no después, sino que, en los días venideros.

Ella nos deja una lección de solidaridad, de escuchar, de mirarnos. No soy indiferente a su dolor y sufro al no encontrarla, pero creo profundamente que, desde su luz y su energía, que permite iluminar el Universo, se hará justicia. Por eso me atrevo a llamarla “Mi bella Catalina” porque yo podría ser su madre y ella, mi hija.

Por Claudia Peñailillo Cronoro. Periodista y Licenciada en Comunicación Social.

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