#CRÓNICAS: EL misterio de «Las Adrianitas» copiapinas

Conocemos como “animita” al lugar de veneración religiosa o mitológica, donde se levanta una especie de templete, ermita, capilla o santuario, que nos recuerda un hecho trágico. Con el tiempo, este espacio puede llegar a establecerse como sitio de devoción informal de personajes con características extraterrenales.

En Sudamérica, producto de una combinación de creencias como el animismo, politeísmo y religiones convencionales, es habitual reconocer estos espacios en carreteras, cementerios o incluso, en plena vía pública. Nuestro país y región no escapan a este fenómeno.

Mientras que en Santiago encontramos el famoso muro de “Romualdito”, en el Cementerio Municipal de Copiapó hallamos a “Las Adrianitas”, verdaderas milagreras populares. Pero ¿qué historia esconden estas santas personalidades? ¿realmente existieron? ¿han concedido algún milagro?

Quisimos conocer su verdadera historia. Gracias al aporte de variados investigadores locales, descubrimos interesantes datos por develar.

¿Quiénes fueron Adrianitas?

La tradición explica que los fallecidos en circunstancias trágicas dejan su alma o ánima vagando en el lugar donde mueren o son sepultados y por ello, se construyen templetes para rezarles a la luz de las velas. Se dice que quienes llegan a estos lugares, pueden pedirles que intervengan frente al mismo Dios para que solucionar diferentes problemas. Si el favor es concedido, el deudo agradece dejándole un testimonio o haciendo alguna “manda” o penitencia. 

A medida que se acumulan estos testimonios o placas, se entiende que una animita es milagrosa y con ello aumenta la cantidad de fieles que la visitan. Son una especie de santos, claro que la gran diferencia es que sus vidas no siempre están ligadas al “buen camino”.

En el caso de “Las Adrianitas”, podemos encontrar diferentes relatos, versiones populares y hasta datos históricos que confirman su existencia, revelándonos su historia de vida. Uno de los testimonios más interesantes es el recopilado en el libro “Cultura tradicional, Rescate de Identidad Cultural de Atacama”, del escritor Guillermo Álvarez Muñoz.

“Un artículo inédito del investigador copiapino Medardo Cano, aparecido en el Diario de Atacama, señala que pasada la crisis que azotó el país, allá por el periodo de 1929, hubo un periodo de inestabilidad gubernamental y paralización de las oficinas salitreras… luego comenzaron a brotar fuentes de trabajo en la exportación de la minería… y la población volante se lanzó a diferentes puntos de nuestra zona… vino un mejoramiento económico laboral y comercial… casas de cena, restaurantes y los infaltables cabarets”, explica. 

Y prosigue el texto, “en busca de mejorar económicamente sus vidas, llegaron por 1932, dos muchachas, ambas de un mismo nombre (Adriana), que se destacaron en uno de los cabarés existentes… corrido el tiempo, el destino separó sus caminos… Adriana Labraña, según consta el libro 5, inscripción 338 del 12 de agosto de 1935 del Cementerio de Copiapó, se radicó en Copiapó; mientras que su amiga, Adriana Álvarez, se marchó a Inca de Oro”.     

En este punto de la historia se contraponen diversas versiones sobre el destino de las mujeres.  Según la recopilación de Álvarez Muñoz, un drama pasional en el cabaré copiapino condujo a la muerte a una de Las Adrianitas, corriendo igual suerte la otra amiga, solo que esta vez en un club nocturno de Inca de Oro.  Ambas habrían muerto en el Hospital de Copiapó, aunque a la segunda se le habría atribuido una bronconeumonía fulminante. 

De acuerdo con la versión del historiador Alejandro Aracena Siares, – recogida de voz del nonagenario Ignacio Maturana, en el libro Leyendas Mineras de Atacama -, ambas mujeres habrían sido ultrajadas y asesinadas por un grupo de mineros ebrios, en un lugar cercano a Inca de Oro, después que ellas se negaran a los requerimientos sexuales de los hombres. Los crímenes habrían sido cometidos con grandes peñascos, y las animitas se encontrarían cerca de las Minas Andacollo y Buena Esperanza.

Por último, la versión del historiador Tussel Caballero Iglesias, – quien incluso les dedicó el poema “Las dos Adrianitas” -, coincidiría ampliamente con el relato que indica que ambas mujeres se habrían dedicado a la prostitución, situación que las habría conducido a sus fallecimientos. Eso sí, Caballero afirma que no hace mucho él tuvo en sus manos el certificado de muerte de una de ellas, cuyo parte revelaba como causa de deceso la tuberculosis.

No obstante, estos antecedentes, parte de los devotos prefiere ignorar la supuesta relación de Las Adrianitas con la vida nocturna o dramas pasionales, y creen que dichas mujeres eran envidiadas por ser muy trabajadoras y de una extraordinaria belleza, muriendo por la peste de hepatitis de la década de 1930 o bien, por los celos de una acaudalada mujer de la alta sociedad copiapina. 

Cementerio Municipal de Copiapó.

Animitas

Según estudiosos del tema, la “animita” es un hábito dentro de la idiosincrasia de los pueblos, desarrollada por la necesidad de venerar la muerte y eternizar la memoria del occiso. Es habitual ver en el paisaje construcciones a las orillas de las carreteras o en ciertos puntos de la ciudad. Muchas veces con forma de pequeñas iglesias o templos. Otro aspecto interesante es el dejar regalos que tienden a respetarse y permanecer en el lugar.

Este fenómeno tiene una vasta tradición en nuestro país. Según un catastro realizado por Lautaro Ojeda Ledesma, en “Hologramas de la muerte imprevista: pregnancia urbana de las animitas en Chile”, sólo en 6 regiones (Arica y Parinacota, Antofagasta, Atacama, Valparaíso, La Araucanía, y Los Lagos) fueron registradas cerca de mil animitas. He aquí algunas características:

En el Norte (regiones Arica y Parinacota, Antofagasta y Atacama), las construcciones suelen ser de una envergadura monumental, relacionado al viento y aridez de la zona, es decir, por esta razón comúnmente se pueden encontrar animitas-templo que albergan otras en su interior.

En la zona Centro (regiones Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana y de O’Higgins), el autor indica que las edificaciones son más pequeñas, pues las condiciones climáticas son más favorables, lo que brinda una mayor solidez y mantención. En estas regiones las animitas tienen una fuerte presencia urbana.

En el Sur (regiones de La Araucanía y Los Lagos), al igual que en el norte, las animitas suelen tener una envergadura monumental; esto también guarda relación con las fuertes lluvias, humedad y vientos que caracterizan al clima. Por ello tampoco es extraño ver animitas-templo o a escala de una casa habitable.

Otro estudio interesante referente a las animitas es el realizado por Oreste Plath, folclorista especializado en este tópico, que distingue algunas particularidades de estas construcciones:

“Se trata de un monumento funerario que no contiene restos mortales. Por este motivo, es que se rinden respetos al  ánima o animita; La mayoría de las causas del deceso son de una mala muerte, una enfermedad devastadora o un evento trágico; La ubicación de la gruta no es exclusivo de carreteras, pues también se les encuentra en ciudades, incluidos sus cementerios; por último, la creencia popular indica que las animitas conceden favores y deseos, los que deben agradecer en la colocación de una placa o el pago de una manda, que consiste en poner velas durante un tiempo determinado en la animita”.

Justamente, esta última característica es lo que más llama la atención de “Las Adrianitas” copiapinas, ya que al toparnos con su santuario en el Patio Nº 12, sepultura Nº 141 del Cementerio de Copiapó, nos encontramos con innumerables placas y testimonios, en agradecimiento a favores y milagros concedidos.

Milagros

Basta con acercarse un poco al templete de “Las Adrianitas” para darse cuenta del fervor popular que han acumulado. Decenas de placas y testimonios de agradecimientos repletan su santuario, junto con innumerables recuerdos, fotos y flores. Gran parte de estos agradecimientos, tienen que ver con mejoras en la salud de los devotos, aunque también hay relatos relacionados con situaciones más cotidianas.

De acuerdo con el director del Cementerio Municipal de Copiapó, Heber Ringele, Las Adrianitas reciben permanentes visitas, con devotos de distintas clases sociales y edades. Como ejemplo, cita las ocasiones en que el templete se llena de chalecos o camisas de determinados colegios o universidades, pues muchos alumnos acuden a sus favores para repuntar sus calificaciones.

Otra cosa sucede los 1° de noviembre, cuando una verdadera multitud visita el camposanto, y Las Adrianitas son veneradas por cientos de personas. A tal punto ha llegado la muchedumbre, que incluso se han producido incendios provocados por la gran cantidad de velas encendidas (noviembre de 2011).

Acerca de testimonios de los favores o “milagros” concedidos por Las Adrianitas, inclusive en el mismo cementerio encontramos ejemplos de dicha ayuda. Calos Araya, funcionario del recinto, señala que él es devoto hace más de 10 años y todos los días, al iniciar su jornada laboral, les pide ayuda y protección. Araya recuerda que el milagro más grande que le han concedido ocurrió cuando su pequeña nieta enfermó gravemente. Ante ello, pidió a Las Adrianitas que la sanaran y cuidaran, y hoy su nieta reboza de perfecta salud. Algo que recalca Araya, es que siempre se debe pedir con mucha fe.

Respecto del templete, desde el Cementerio Municipal explicaron que oficialmente allí reposan dos Adrianitas, – las milagreras -, sin embargo, existiría una tercera mujer, llamada Adriana Labraña. Casualidad o no, de esta forma se continuaría con la tradición de “Las Adrianitas”. Según registros del Cementerio, el 15 de agosto de 1936 fue sepultada Adriana Quiroga y más tarde, en octubre de ese mismo año, fue sepultada a su lado Adriana Álvarez. En tanto, Adriana Labraña fue enterrada el 12 de agosto de 1935.

A pesar de la fama, indican que nunca ha llegado ningún familiar de Las Adrianitas para hacerse cargo o reclamar el resguardo de dicho santuario y que, hasta ahora, – a excepción de un arreglo hecho por el propio Cementerio -, todas las mejoras y ampliaciones concretadas en la animita lo han efectuado los agradecidos devotos.

De esta forma, día a día continúa cimentándose el mito de Las Adrianitas copiapinas, mujeres con virtudes y defectos, que un día pasaron a formar parte de la religiosidad y devoción popular de todo un pueblo.

Por Carlos Zepeda González

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