#CRÓNICAS: La fatídica historia del «Vampiro de Caldera»

En Letra Brava te invitamos a conocer la historia de un misterioso navegante inglés que atemorizó a la comunidad calderina.

Nuestro país está repleto de mitos y leyendas sobre seres extraordinarios, con poderes mágicos y habilidades más allá de la muerte. Entre estos seres, los vampiros también encuentran su lugar en el imaginario nacional. Conocidos son los casos del supuesto vampiro de Rancagua, Tito Lastarria, o la historia de los Niños Vampiros del puerto de San Antonio. Pero en Atacama, también encontramos un notable caso: nada menos que el “Vampiro de Caldera”.

Se dice que en el Cementerio Laico de Caldera – el primero del país -, hay una tumba muy temida, pero que también se roba las miradas de los curiosos. Las crónicas cuentan que en sus paredes yacen los restos de un vecino bastante particular, al que se le acusó de ser un hombre maldito; su nombre era John Lewis Mackensey (o Mackenzie). A la fecha, una gótica estructura mantiene los restos de este ciudadano inglés, que fuera cruelmente asesinado por una acusación sangrienta y llena de odio.

Sobre la autenticidad de la tumba de este supuesto “ser de la noche”, en el texto La tumba del vampiro en Caldera, de Criss Salazar, se relata que “es uno de los más viejos mausoleos del complejo, confeccionado en carpintería artística sobre rústica albañilería, con muros de adobe y quincha de entramado interior de caña. Sin embargo, sus líneas arquitectónicas de elegante evocación gótica, georgiana y victoriana, sumadas a un estado vetusto y tétrico, muy posiblemente han fomentado parte de la creencia de que se trata de la tumba de un auténtico y temido vampiro, liquidado a fines del siglo XIX o principios del XX”.

La leyenda se remontaría a comienzos del siglo pasado, cuando este acaudalado hombre de mar, de origen británico, arribó a Caldera motivado por el auge económico del puerto. Sin embargo, para su desgracia, su presencia nunca fue bien vista por los ciudadanos, quienes creían que el alto y pálido hombre escondía un temible secreto. Tal vez el hecho de que no solía verse durante el día, sino más en la bohemia nocturna, ayudó bastante a esta mala fama. Por ello, los desconfiados lugareños lo hostigaban y cuando se armaban rencillas, un padecimiento inesperado lo condenada a la sospecha, pues brotaba espantosa sangre de sus encías; situación que algunos aprovecharon para argumentar como la prueba de su vampirismo.

Sobre este punto, según cita Salazar, “el problema de Mackensey realmente habría sido muy pedestre: padecía de complicadas ulceraciones de encías como secuela de un grave escorbuto del pasado, afección que fue bastante frecuente en la historia de los viajeros náuticos y los hombres de mar como consecuencia de la alimentación pobre en vitamina C, cuando es escasa en frutas y verduras”.

La muerte que detonó la leyenda

Si bien con el paso del tiempo se terminó aceptando que la supuesta enfermedad bucal de Mackensey pudo haber sido gengivitis, en esos años tal afección nunca fue advertida por los provincianos calderinos. Sobre todo, tras el cruel asesinato del poblador Justo Paredes, encontrado sin vida con una marca en el cuello, atribuida casi de inmediato a los insaciables colmillos del supuesto vampiro inglés.

Supuesta tumba del Vampiro de Caldera.

Fue entonces que la sicosis colectiva se apoderó del pueblo, que enjuició sin más pruebas al extranjero. Una turba enardecida llegó hasta su hogar, sacándolo a la rastra del sitio. El mito narra que recibió golpes de puño, patadas y quemaduras, e incluso, una estaca de madera en el corazón, que terminó finalmente con su vida.

Desde entonces el folclore y credulidad porteña advierten que sonidos de auxilios brotan desde el féretro carcomido por los años, pero que dan a entender que la presencia del vampiro de Caldera continúa rondando en el Cementerio Laico.

¿Será que el mítico vampiro aún ronda las calles del puerto? Como lo indica Salazar en la parte final de su investigación, “otras versiones de la leyenda agregan que Mackensey siguió vivo y causando ruidos extraños desde adentro de ese extraño mausoleo, o saliendo del cementerio sólo en horas de la noche y cuando no podía ser observado. Sin embargo, en algún momento su alma por fin pudo hallar paz y descansar, apartándose para siempre del Más Acá. Como al interior del mausoleo está visible sólo un foso que parece ser de única sepultura, muchos pueden haber creído que en este espacio reposaba el supuesto vampiro, al menos en horas con la luz del día”.

De esta forma, con los años la leyenda del vampiro calderino se volvió una atracción, motivando visitas guiadas, representaciones artísticas y referencias turísticas interesantes para el cementerio. Lo cierto es que el bello mausoleo ha acumulado mucha antigüedad y destrucción en todo este mismo tiempo, al punto de que las puertas originales y los cristales de su diseño se encuentran desaparecidas.

Ahora bien, cabe considerar que existe otra tumba de un tal Archibald Mackenzie, en el mismo sector viejo del cementerio, fallecido en 1939 a los 73 años, entre muchos otros británicos, por lo que la leyenda de la “Tumba del Vampiro” puede derivar incluso de un cúmulo de desinformación, enredándose con datos reales de otros ciudadanos sepultados en el mismo camposanto.

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